Sobre los primeros inquilinos que habitaron el Corralón

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El perfil sociológico, de las personas que vivían en el Corralón, no es diferente al del resto de los habitantes del Rastro. Carecemos de noticias de quienes eran los primeros vecinos y los vendedores, prenderos o quincalleros que se establecieron con sus géneros, en los locales del patio del Corralón. Se necesitaría una minuciosa investigación en el Archivo de Villa, que determinase la existencia de licencias, pero cabe señalar que es una evidencia documentada, que el Ayuntamiento de Madrid, empezó a conceder a principios del siglo XIX. las primeras licencias, a vendedores ambulantes, para instalar cajones en el Rastro en días festivos. El Corralón, es muy posible, que se construyera con la idea de disponer de naves y espacio donde poder mostrar y guardar las mercancías que se vendían, en el ya floreciente mercado ambulante del Rastro.

En un análisis de los censos municipales del Archivo de Villa, hemos comprobado que los primeros padrones donde aparece la calle del Peñón, son del año 1830, y verifican que en los números impares de la calle del Peñón el num. 3 y el 5, los números del Corralón, no existen vecinos censados. En cambio en el padrón de 1849, ya aparecen vecinos censados, esto llama la atención, pues en ese año aún no se había construido nuestro edificio, de modo que pudiera ser que entre 1847 y 1849 se hubiera construido alguna pequeña casa en esa parcela, previa a la construcción del Corralón en 1860. De cualquier forma, el vecindario que formaba parte de esa comunidad, igual que sucede en otras muchas del barrio, según los padrones consultados , estaba formado por familias muy numerosas, de extracción muy humilde, venidas de todos los puntos de España, Asturias, Cuenca, Toledo, Extremadura etc .La ocupación mayoritaria era la de jornaleros, pero también se encontraban, artesanos, lavanderas, costureras, mozos de servir, criadas, dependientes, panaderos, zapateros, toneleros, matarifes etc. Todos ellos eran inmigrantes, unidos socialmente por un empeño común: adaptarse, trabajar y sobrevivir en un Madrid, que empezaba a despegar.

 

Separata del libro. El Rastro, las fuentes de su origen, historia y desarrollo urbano.

Germán Cano López, investigador.

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